Novedades

[ Ensayos en los que estoy trabajando ]
Breve manual de pensamiento crítico

abril 07, 2011

Sobre la participación y representación 7: en la sociedad y las organizaciones

Sobre la participación y representación 7: en la sociedad y las organizaciones

Por Francisco Martínez Alas. (2010)

4 Participación representativa en grupos institucionales

En este capítulo voy a tratar acerca la participación en el entorno institucional, y más específicamente en los grupos que adoptan la figura de concejos, juntas o comisiones; y también en los equipos de consulta o asesoría que se conforman selectivamente con ciertos funcionarios, empleado o mienbros de una organización, o se contratan de otras organizaciones cuando son externos a la entidad.

A) El rol de los miembros y del vocero: Toda organización privada o pública, con o sin fines de lucro, de cualquier sector económico o de la sociedad civil, sea de carácter relativamente permanente o con una finalidad temporal específica, tiene miembros, asociados, empleados, voluntarios, adherentes, públicos y distintos niveles de autoridad interna. Cada uno de tales miembros, a veces individualmente y a veces en grupos para un objetivo u operación particular, tienen un papel que desempeñar, con sus correspondientes derechos y deberes, así como responsabilidades y funciones. Participan de ese modo siendo parte del engranaje y del organismo institucional; porque no sólo se participa teniendo u obteniendo facultad de decidir y actuar de cierta manera, sino también teniendo la potestad de hacer y concurrir en un sistema de colaboración y cooperación en el cual cada quien tiene su posición y actuación. Y es así como tales miembros actúan cotidianamente desde sus posiciones laborales o desde sus roles técnicos o de gestión, producen y usan información, toman decisiones y actúan en consecuencia, participando así en la operación y funcionamiento de las organizaciones, y en la producción y provisión de sus productos y servicios. Sin el trabajo, la voluntad, la integridad y la iniciativa de tales miembros ninguna organización puede alcanzar sus objetivos institucionales y productivos. Pero, si bien todos participan en sus respectivos roles, no todos pueden actuar en representación de toda la organización, una unidad funcional, o un grupo de trabajo, sea para comunicarse ante un público, tomar ciertas decisiones o realizar ciertos contratos o convenios. Por ello, la organización se comunica por medio de ciertos instrumentos y autoriza a algunas personas para hablar o declarar en nombre de ella o de una parte de ella. Y por ello mismo, se censura o castiga a aquella persona que dice algo en público que va en detrimento de la verdad, de la seguridad, de la lealtad, de la facultad, y de la personalidad de una entidad.

Miembros de una entidad.- Ya se mencionó que los miembros, en su calidad de empleados o contratistas de una organización, participan de y en una organización siendo parte y desempeñando una función acorde a la o a las posiciones que ocupan en la estructura formal; y también, en la estructura informal de la misma. Los empleados y todos los actores miembros de una entidad, participan de la misma y en la misma porque hacen la parte que les corresponde, lo que les hace parte del esfuerzo y compromiso común que requiere cada organización. Si bien, la esfera de su facultad para tomar decisiones es más reducida y menos abierta que la de otros, por ejemplo, la de aquellos que son responsables por la actividad y el desempeño de varias personas en una unidad administrativa, en un programa, o en un proyecto en ejecución.

La estructura formal de una organización establece niveles jerárquicos, flujos de trabajo y comunicación, y crea compartimientos de poder y de funciones. Cada compartimiento suele tener una figura y posición de autoridad formal, quien –en lo que se refiere al asunto de la participación- tiene la obligación de hacer participar a los subalternos mediante el cumplimiento de sus respectivas tareas, y debe tener la capacidad de posibilitar la participación de los empleados mediante la creación de innovación, ideas y soluciones. Además, entre las atribuciones de un jefe de unidad, está la de efectuar un monitoreo y evaluación constantes del desempeño de su unidad, y la de transmitir y trasladar la contribución de cada uno de los empleados que tiene a su cargo o trabajan con él o ella (según desde donde se mire) al tanque de conocimiento corporativo, de buenas prácticas y al acervo de políticas institucionales. En cualquier unidad administrativa, el trabajo que se realiza siempre es tarea y responsabilidad de equipo, en donde no sólo cada quien hace su parte, sino que también hace aquello que no es posible hacer individualmente, porque éso no es un todo que se puede desarmar y partir, sino un compuesto integrado y orgánico.

Un papel importante en toda esta estructura de poder, participación y representación, lo desempeñan la oficinas o unidades organizacionales de comunicación y relaciones públicas por un lado; y por otro, todas aquellas otras personas y equipos que, gracias a la labor que ejecutan como trabajadores del conocimiento, contribuyen a la creación y diseminación de conocimiento dentro y fuera de la organización. Las primeras son importantes porque una de sus funciones es la transmisión en diferentes direcciones de contenidos que pueden incidir en los procesos de participación organizacional y por ende la consecución de sus fines; y también, mediante la elaboración de diagnósticos, investigaciones y el diseño de planes de comunicación interna recoger ciertas expectativas y necesidades que pueden contribuir, comunicacional y operativamente, a que los miembros participen más en la cultura de las empresas y en la interiorización de sus políticas; así como integrar los conocimientos corporativos a diferentes clases de repositorios documentales, bases de conocimiento, sistemas de intercambio y flujos de trabajo, con lo cual también se efectúan procesos de participación y cooperación.

Miembros de un grupo directivo.- En las organizaciones más complejas o de mayor tamaño siempre existen diversos grupos que toman decisiones colegiadas, colectivas o consensuadas acerca de tales organizaciones, sus procedimientos, y acerca de asuntos particulares que atañen al resto de los miembros o empleados de la misma organización, o con respecto a grupos de beneficiarios o de públicos externos a ella. Estos grupos adoptan típicamente la figura de una junta directiva, junta de directores, concejo superior, o junta de jefes o de líderes. Se dice de tales grupos que son directivos, porque toman decisiones que afectan y guían a toda la organización, y además sus disposiciones son órdenes o reglas que los demás deben acatar y seguir. Sus decisiones se basan o se deben basar en informes y reportes que reciben de otros líderes, empleados de apoyo clave, trabajadores del conocimiento, asesores y consultores internos o externos, o de propuestas de asociaciones de empleados o sindicatos de trabajadores; y por eso vienen a ser importantes si se habla de la participación dentro de las instituciones de cualquier tipo: porque pueden hacer posible y efectiva tal participación al recoger, transmitir y realizar las expectativas y necesidades de otros. La información que manejan y les sirve de apoyo para tomar las decisiones y los acuerdos que toman, proviene de fuentes internas tanto como de algunas externas a la organización, y tal información puede referirse tanto a la organización, como a su sector o a algún aspecto del entorno en general.

Ahora, es preciso mencionar algo acerca de los miembros de estas instancias. Las personas que componen los grupos directivos provienen de tres bases: uno, debido al puesto o posición de mando que ocupan en una organización de cualquier clase, y según el grado y alcance de responsabilidad que tienen, se ven en la obligación de pertenecer a tales; dos, cuando cada miembro es elegido o admitido, uno a uno, después de un proceso de selección normado y consensuado, ya sea para aumentar una silla en la junta o para relevar a un miembro saliente de la misma; y tres, cuando la instancia se instala para una finalidad concreta y probablemente temporal, y entonces el grupo de miembros son electos en grupo, conforme a los criterios y desde los conjuntos o sectores con liderazgo, que la circunstancia exija. De cualquier manera, la participación dentro de una junta directiva será efectiva y legítima si se siguen todos los procedimientos necesarios que sirven para garantizar aquella durante los procesos y negociaciones que involucra llegar a un acuerdo, a una decisión colectiva cuyas consecuencias afectarán de un modo u otro a muchas personas.

Miembros de un grupo asesor o consultor.- Una instancia diferente de la anterior, en su naturaleza y funciones, son los grupos de asesores o consultores cuyo trabajo consiste en asistir a una persona o un grupo, una empresa o un programa específicos. Los asesores o consultores, normalmente, son agentes externos a las organizaciones, y se les contrata para indagar, observar, investigar, o analizar la situación presente, los antecedentes a tal situación, y hacer diagnósticos o análisis, presentar recomendaciones o proponer cambios o remedios, así como sugerir prospectivas y estrategias para el futuro. Tales personas regularmente se dedican a eso, como personas y profesionales independientes, o agrupados bajo una denominación corporativa. Se les contrata directamente basándose en su prestigio y por la presencia que han logrado gracias a la publicidad, o a la publicity en diversos medios. O también por medio de su participación como oferentes en proceso de licitación privada o pública, mediante invitación o por competencia en oposiciones. Su vinculación con la noción y actividad de la participación consiste en el hecho de que durante el ejercicio de su actividad como consultores para una organización, deben tomar en cuenta las necesidades y expectativas, visiones y opiniones, tanto de sus clientes y representantes de los mismos, como de los empleados de las organizaciones en las que se encuentren operando, especialmente de aquellos que les sirven como contrapartes e informantes; ya que sus diagnósticos, apreciaciones, comentarios, valoraciones y recomendaciones les afectarán de una manera u otra. Su dictamen representa o debe representar la integración –y no la simple sumatoria- de consultas, observaciones, evaluaciones recogidas en el proceso, en conjunto con los respectivos análisis e interpretación, que cada uno de los miembros del equipo de trabajo elabora siguiendo tanto sus criterios técnicos y como su enfoque predilecto, a los que se debe agregar las expectativas del cliente, usuarios y miembros a los que se ha hecho participar en un proceso de consultoría.

Por otra parte, dentro del mismo grupo o equipo de trabajo, aparece también la participación y puede llegar a desempeñar un papel sinergético. Ello porque tal grupo constituye una comunidad de práctica o un grupo de interés, en el cual se deben integrar y coordinar un conjunto de competencias, habilidades, formaciones, perspectivas, así como experiencias de trabajo, de vivencia, de diversión y de afrontación de conflictos, que sumadas, constituyen un capital humano e intelectual en un nivel superior al potencial individual, que solo mediante los actos de expresar, conversar, discutir, criticar, negociar y conceder se puede alcanzar y consolidar. Solo al compartir e integrar las experiencias y los diversos enfoques desde distintas profesiones y formaciones teóricas y académicas se logra contribuir con una opinión autorizada y una recomendación confiable.

febrero 21, 2011

Sobre apoyar y rechazar a ciertos autores 5

Sobre apoyar y rechazar a ciertos autores 5
Por Francisco Martínez Alas. (2010)

3 Tipos de texto

Existen diversas tipologías para clasificar documentos. Así, por ejemplo, en las ciencias de la documentación es común asignarle, en las bases de datos bibliográficas y catálogos, un código a cada documento que indica el tipo que le corresponde, según algunas de sus características físicas y de contenido, y en muchos casos, también a la sección o colección a la que pertenece. Algo similar ocurre en los archivos de documentos en oficinas y registros de toda índole. También existen los géneros literarios para clasificar la ficción, y los que se ocupan para clasificar textos y obras filosóficas o de carácter científico. ¿Cuáles son los criterios para establecer una clasificación de tipos de texto?, y depués, ¿cuáles son los criterios para colocar un texto en una de tales categorías o para etiquetarlo de una cierta manera? Los criterios, tanto para establecer clases como para ubicar algo en tales clases, pueden basarse en ciertas características físicas y de soporte, en el contenido predominante, en la finalidad de uso, o en restricciones de acceso al texto o documento. Si bien pueden existir diversas clasificaciones, y a veces se pone en duda la validez o universalidad de los géneros en la literatura ficcional, artística y científica, lo cierto es que tales clasificaciones tienen una utilidad operativa.
Como mi interés acá, es tratar acerca de cómo y porqué leemos un texto, obra o documento, o acerca de la recepción y reacción ante el mismo, propondré la clasificación que sigue y señalaré algunas de sus características, mencionaré su proceso de producción y algo más acerca de los modos de lectura posibles. Desde mi punto de vista, para el presente ensayo, existen diez categorías de tipo de texto: creativo, de ficción, personal o privado, manual técnico, científico-técnico,instrucciones, estudios de caso, divulgativo y noticioso, filosófico, y publicitario.

Texto creativo
Idear, preparar, elaborar y escribir textos con fines tales como los académicos, estéticos, literarios, publicitarios, científicos, divulgativos, reflexivos y expresivos, siempre requiere la presencia y la aplicación de la creatividad y la imaginación, además de otros elementos propicios que les correspondan. Pero, un texto creativo viene a ser uno cuyo propósito fundamental es manifestar un estado de ánimo, admiración, asombro, perplejidad o inspiración.

Un texto creativo, en cuanto a extensión, puede ser tan corto como una frase, o tan largo como varias páginas llenas a renglón seguido. Y en cuanto a su estilo o tipo, puede tener la forma de un poema, una carta, un párrafo, una colección de varios parágrafos, un mensaje de e-correo o una entrada (post) de un blog, y hasta llegar a conformar un ensayo. Aunque, también puede aparecer como una composición de palabras diseminadas con cierto propósito a través de una página, elaborado con algún tipo particular de letras, o ser una combinación de palabras, grafos e imágenes, formando un collage. Un texto creativo tiene una estructura distinta de la que tiene un artículo, una narración o un reporte, por ejemplo, al grado de que podría parecer que no tiene una estructura intencional, o que su autor no planeó darle una, porque de hecho, es una creación espontánea, sin otra finalidad que decir algo, que expresar o confesar sensaciones, estados de ánimo, o evocar impresiones o recuerdos, y otras emociones parecidas. El soporte donde se plasma el texto creativo puede ser el papel o un medio electrónico, aunque también puede expresarse en forma oral. Y, el tratamiento que su autor le da a tal soporte para que apoye y complemente su propósito de creación expresiva no tiene límites previstos.

Por supuesto, las fuentes de inspiración o emanación de un texto creativo de tal clase, son las experiencias vividas, miradas o escuchadas y recordadas, las texturas, sabores o aromas sentidos, los ideas o descripciones leídas, en cualquier clase de texto. Y, luego, puede llegar a ser transformado por su autor en otro texto mayor y distinto, de otro estilo, género o propósito, en tanto que puede contener la simiente de otro proyecto expresivo. O bien, por la cualidad intertextual de todos los textos, pudiera aparecer en otros, como una referencia o una cita.

Cuando se lee un texto creativo, éste no debe ser enjuiciado del mismo modo y con las mismas técnicas que se utilizan al juzgar y criticar otros tipos de texto. Dado su carácter perentorio, relativamente espontáneo, y que un texto creativo está hecho para gozar de él como de una experiencia estética, o para liberar a su autor de la necesidad de una manifestación expresiva y emotiva, lo que se debe apreciar en él son valores concordantes con tales designios y explosiones. La reacción del lector, en cierto modo es un asunto de gusto. Y aunque se puede aprender alguna lección, ejemplo o pensamiento intertextual de un texto así, enseñar o transmitir conocimientos o valores no es su finalidad. También, un texto creativo puede ser ocupado o utlizado por su autor y por otros autores o lectores, para algo más, para hacer otra cosa que requiera un fragmento así.

Si se quiere elaborar un texto creativo, primero se necesita de voluntad creadora, de un estado de ánimo particular, y de un detonante. Si bien, recuerdos o conocimientos previos pueden servir como detonantes, el autor puede ejercitarse a partir de una palabra o frase, encontrada, escuchada, recibida, que le sirve de guía o de punto de partida, o de la percepción u observación de un evento, acto o cosa cualquiera, y desde ahí elaborar su texto, con su propia voz y tono.

Ficción
Obras de ficción puede ser historias narradas, de distinta extensión, que adoptan la forma de un cuento, una novela y otros relatos. Pero, también, en cierta manera, ampliando la categoría, de ficción son también los dramas y obras dialogadas, los poemas y epopeyas, las crónicas y gestas, los cantares y cartas de relación, sólo por mencionar algunas de las denominaciones de géneros literarios, siempre y cuando tengan el carácter de ser ficcionales. La condición general es que los hechos y eventos que se narran sean ficticios, aunque hayan sido inspirados por cosas reales o se basen en algunos acontecimientos reales que suceden o sucedieron, es decir, no ficiticias.

Los tres elementos básicos de una obra de ficción son el narrador, los personajes y los eventos que ocurren en la historia que se cuenta. El narrador, quien es el autor mismo, puede narrar en tercera persona como si supiera todo lo que ha pasado, lo que pasará y lo que ocurre en la mente de los personajes; o puede hablar en primera persona, fingiendo ser el protagonista, o al menos un observador y agente importante en los hechos que se narran. El protagonista, es el personaje al que le ocurren los hechos más relevantes en toda la historia, sin que ello signifique que a los otros personajes importantes no les sucedan cosas también interesantes. Del protagonista, también, sus emociones, sentimientos y cavilaciones son mostrados casi siempre con mucho pormenor; así como aquellos detalles de su pasado que ilustran o explican el porqué de ciertos actos, actitudes y señales del tiempo presente en la novela. Es así como la vida y los hechos del protagonista (o los protagonistas, cuando son varios actuando juntos) se constituye como el camino esencial alrededor del cual giran no solo los acontecimientos, sino también todos los demás personajes. La personalidad del protagonista adquiere rasgos bondadosos o malvados, torpes o sagaces, bellos o feos, según las intenciones y objetivos del narrador. Por ello, hay protagonistas (al igual que personajes) que nos agradan o con quien nos sentimos identificados de alguna forma, y otros que no.

La fortuna del protagonista está sujeta al juicio y voluntad de su autor. Así, aquel puede pasar de pobre a rico, al encontrarse un tesoro, tener éxito en un negocio o recibir una herencia algo misteriosa. Y también, puede ocurrirle lo contrario, que debido a una mala decisión, o por llegar a ser víctima de un despojo, o como resultado de una guerra o un conflicto cualquiera, el protagonista y sus próximos caen en la pobreza casi de manera repentina. Cambios de oposición y constraste semejantes se ofrecen cuando ocurre algún cambio de jerarquía o de estrato social en el personaje. Otra manera de presentar la transformación en el destino de los personajes principales es describir el paso de una etapa etárea a otra; ya sea desde la infancia a la adolescencia y juventud, mostrando las lecciones del crecimiento; o desenvolviendo la vida del personaje desde un momento crucial de su juventud hasta llegar a la consolidación en la edad madura; o también, contrastando las circunstancias de su juventud con la situación presente del personaje maduro o ya viejo. Otras dos posibilidades, muy apropiadas para las novelas de aventuras y fantasía, como para ciertos dramas complejos y psicológicos, son la trama centrada en la búsqueda y encuentro de algo, un elemento, lugar, objeto o persona que son claves para el protagonista y el desenlace de la historia; y también, la intriga que se basa en los cálculos y estratagemas para hallar la solución a un problema de cualquier índole. Estas últimas dos se pueden combinar muy bien.

El tercer elemento básico es la historia que se cuenta, nos cuentan o contamos por medio de cualquiera de los géneros y técnicas narrativas que existen y han existido. Tal historia siempre tiene un comienzo. El comienzo debe ser algo llamativo y gustoso que invite a continuar la lectura después de las primeras frases o el primer párrafo. Un recurso literario común consiste en hacer una presentación del personaje principal, de su oponente, o de otro que será clave para el desenvolvimiento de un ardid o lance que narrará en el momento preciso. También se puede iniciar con la descripción de un acontecimiento o de un hallazgo que apunta hacia aventuras y destinos misteriosos. Así, se puede comenzar con la enumeración sucinta de los acontecimientos que han ocurrido y conformado la situación presente, es decir, en la que la obra de ficción principia. En otros casos, en tal narración inicial puede tratarse del entorno histórico en el que la ficción novelesca se desarrollará, en el cual los personajes vivirán, tal como si hubiesen vivido en tal época y lugar reales. Las que he mencionado no son las únicas posibilidades, sin duda, y sólo la creatividad y el talento del escritor determinarán cuál es la más apropiada para cada narración específica.

La narración, dado que no puede continuar infinitamente, siempre llega a un final.Tal final tiene que dejar en el lector cierta sensación de plenitud con respecto a la novela que se está leyendo; o, en cambio, de expectativa por el aparecimiento de otra historia del mismo autor. Lo que no se debe hacer, es escribir un final que provoque confusión e insatisfacción en el lector. Eso es algo que es frecuente ver en ciertas películas.

Pero no siempre la novela tiene un fin concluyente que anude todos los cabos sueltos, aclare todos los enigmas y explique todas las circunstancias oscuras o semi ocultas; es decir, que algunos novelistas parecen cortar abruptamente la historia en un instante cualquiera, dejando sin explicar el destino de o la resolución de un cierto conflicto que se había manifestado en el decurso de la novela, o sobre el cual había versado el núcleo de la misma.

diciembre 08, 2010

Sobre el pensamiento político de Hugo Grocio

Hugo Grocio, su tratado Del Derecho de la Guerra y de la Paz, y algunos apuntes acerca de su pensamiento político
Por Francisco Martínez Alas. (1989)

Hugo Grocio (1583-1645), fue un jurista holandés a quien se le atribuye la paternidad de la sistematización de la ciencia del derecho internancional público, disciplina fundada siglos antes por Francisco de Vitoria. Su mayor renombre se debe a su obra jurídica, especialmente al tratado, escrito en latín, Del Derecho de la Guerra y de la Paz, que fue publicado por primera vez en Amsterdam en 1625. De esta obra se dice que llegó a ejercer una influencia extraordinaria, porque “en ella se expone históricamente cómo los pueblos se comportan unos con los otros en las relaciones de la guerra y de la paz, y cuales son las normas que entre ellos se siguen” (Hegel, Lecciones sobre la historia de la filosofía, México, FCE, 1981, tomo 3, p. 330). También sobre la calidad y el alcance de su pensamiento, el filósofo Dilthey nos dice: “su erudición universal estaba al servicio de la obra de establecer un nuevo orden de la sociedad, independiente de las religiones, basado en la razón, de atemperar las luchas confesionales y poner, si posible, término a ellas. Con éste propósito desarrolló una jurisprudencia universal, un derecho natural y un derecho de gentes” (Dilthey, Hombre y mundo en los siglos XVI y XVIII, México, FCE, 1978, p. 288). Por tales razones, el objetivo de este artículo es citar los comentarios de algunos historiadores del pensamiento político acerca del de Grocio, y hacer el esfuerzo por presentar un esquema de sus ideas acerca del derecho de guerra y paz.

Con la quiebra del intento medieval de monarquía universal y con la subsiguiente aparición de los Estados nacionales, a fines del siglo Xv, comienza el ciclo moderno de la convivencia internacional, cuya elaboración requiere dos siglos para adquirir una forma estable. Durante ese tiempo, entre otras cosas, el intento de la colectividad internacional fue hacer un esfuerzo teórico por lograr acuerdos internacionales, una ley y organización internacionales, y es ahí donde se inscribe la obra de Grocio, quien reconoce la sociedad de estados cristianos como una colectividad autónoma (M. Amadeo, Por una convivencia internacional, Madrid, 1956, p. 31).

Los pensadores políticos del siglo XVII eran decididos racionalistas, tenían una fé casi ilimitada en el poder la razón humana como el árbitro supremo y la medida de todas las cosas. Sus principios políticos los derivaban de la naturaleza del hombre y de la naturaleza del Estado. Su método de reflexión era tanto analítico como deductivo. El racionalismo político del siglo XVII fue, además, un rejuvenecimiento de las ideas estóicas. Pero, las teorías políticas de la época, aun discrepantes en sus medios y fines, tenían todas una base metafísica. Y el pensamiento metafísico se anteponía al pensamiento teológico (E. Cassirer, El mito del Estado, México, reimp. 1982, p. 195). Hugo pertenece a la corriente iusnaturalista y racionalista de tal siglo.

Ahora vamos a acercarnos a las ideas políticas de Grocio. Aunque su producción más divulgada es aquella que trata de la teoría del derecho internacional, él estudió también la teoría de la soberanía y del derecho natural, porque, como dice Theimer “sin la existencia del derecho natural, le hubiera sido difícil dar vida a su derecho internacional” (W. Theimer, Historia de las ideas políticas, Barcelona, 2a. ed., 1969, p. 119), pues no no hubiera podido darle fundamentación al mismo tal como lo logró.

Grocio expuso la teoría de un derecho natural puramente secular, basado en la doctrina de los estóicos y libre de la autoridad eclesiástica. Consiguió así separar la ley natural de sus bases teológica y cristiana, tal como se había comprendido en la Edad Media. Solo así pudo situar al derecho al margen de los conflictos imperantes en materia de religión. Grocio retornó a la base común y racional de todo el derecho, la que fue generalmente reconocida por los humanistas cuando redescubrieron a los estóicos. Sobre esa visión de conjunto fundó su tratamiento del derecho internacional, entendiéndolo y formulándolo como aque al cual los soberanos deben sujetarse por la razón (C.J. Friedrich, La filosofía del derecho, México, reimp. 1980, p. 101). El derecho natural no es para Grocio ninguna convención, sino el origen de todas las convenciones. Su definición del derecho natural es la siguiente: ““consiste en ciertos principios de la razón recta que nos hace conocer que una acción es moralmente honrada, según la congruencia o desacuerdo que tenga con una naturaleza razonable y sociable” (H. Grocio, Del derecho de la guerra y de la paz, Madrid, 1925, tomo I, p. …).

Para Grocio, el hombre no es un ser social a consecuencia de su propio egoísmo individual, sino porque estaba dotado de instintos innatos de sociabilidad. La capacidad de obrar con fines sociales y altruistas es algo dominado (imperado) por la biología, constituyéndose por ello en fundamento biológico y a la vez explicación racional del derecho natural (W. Theimer, obra citada, p. 120). Grocio, hizo de la sociabilidad humana la base ontológica de la comunidad y de todo derecho (C. J. Friedrich, obra citada, p. 167). Esto también lo recalca Mayer de la manera siguiente: “Una honda creencia humanitaria en los instintuos sociales y altruistas del hombre formaron el fondo del sistema del derecho la naciones expuesto en la obra de Grocio; él estaba convencido de que las ideas legales y morales podían llevar a los estados a la paz” (J.P. Mayer, Trayectoria del pensamiento política, México, FCE, 1981, p. 104).

Para ampliar la interpretación del derecho nartural de Grocio citaremos por último lo siguiente: "Parte de la distinción del derecho natural y positivo entre los antiguos. Determina el derecho natural por los caracteres de su inmutabilidad y consenso de todos los pueblos. El derecho positivo lo señala como arbitrario, condicionado por el establecimiento de la voluntad. El derecho humano arbitrario nace, de un círculo estrecho, de la voluntad del padre o del señor, en un círculo más amplio, de la autoridad civil, y en el más amplio de todos, de la voluntad común, es decir, del convenio internacional de varias naciones. Por eso el derecho que va más allá del derecho natural descansa en el convenio, y éste recibe su fuerza obligatoria del derecho natural. El derecho positivo, las instituciones, se fundan en situaciones independientes de la voluntad de los hombres. Toda la jurisprudencia contiene preceptos o principios últimos inmutables, los mismos en todos los pueblos y fundamos en la naturaleza de las cosas" (W. Dilthey, Hombre y mundo en los siglos XVI y XVIII, México, FCE, 1978, p. 289).

Según Theimer, Grocio completó el concepto de soberanía interna con el de la soberanía externa. El gobierno y la legislación dentro de cada estado es soberanía interna, la externa consiste en las relaciones entre los estados. El mundo es una sociedad de estados soberanos, y solo los países soberanos merecen la denominación de estados (W. Theimer, Historia de las ideas políticas, Barcelona, 2a. ed., 1969, p. 120). Con respecto al concepto de soberanía externa, descrito y sistematizado por Grocio, Serra Rojas nos dice: “La soberanía traduce el principio de igualdad de las naciones en sus relaciones recíprocas y en su actuación solidaria ante los organismos internacionales, cualquiera que pueda ser su extensión o caracteres” (A. Serra Rojas, Ciencia política, México, Porrúa, 1983, p. 484).

Y, de acuerdo a la exposición de Theimer, Grocio afirmaba que si bien no existe en el mundo un poder superior sobre todos los estados, cada uno ha de seguir determinadas reglas jurídicas en las relaciones con los demás, y que tales reglas no son otras que los principios del derecho natural; y aconsejaba además que los estados deben atenerse a los tratados que en cada caso particular hayan acordado; todo con el fin de garantizar cierto orden armonioso entre aquellos. El derecho internacional público viene así a poner orden en el caos de los estados soberanos, ya que éstos regulan sus relaciones por medio de los tratados, y por el recíproco reconocimiento de su soberanía. Y en cuanto a la guerra, los estados deben respetar las limitaciones que impone el derecho, y es aquí donde Grocio formuló ciertas reglas fundamentales de derecho de gentes que hoy todavía rigen, y que en tiempos recientes han sido acogidos en convenciones tales como las de Ginebra y La Haya (W. Theimer, Historia de las ideas políticas, Barcelona, 2a. ed., 1969, p. 122).

El tratado de Grocio, Del Derecho de la Guerra y de la Paz, es sumamente extenso, exhaustivo en su tema, plagado de ejemplos históricos y de citas eruditas, de tal manera que no podríamos hacer aquí un resumen de todos sus planteamientos y principios que hiciera justicia a su riqueza analítica y conceptual; por lo cual, en primer lugar, nos limitaremos a trasladar el esquema que el propio autor hace de su obra; y luego, a exponer algunos de sus principios filosóficos relativos a la guerra. Grocio en los “Prolegómenos” de su obra dice: “Pues en el primer libro examinamos la cuestión general del origen del derecho; si hay alguna guerra justa; después, para conocer la diferencia de la guerra pública y la privada, hemos tenido que explicar el valor mismo de la autoridad suprema, qué pueblos la tienen, qué reyes completa, cuáles en parte, cuáles con el derecho de enajenar, cuáles la tienen de otra manera; después hubo de tratar sobre los deberes de los súbditos, para con los superiores”. Después, continúa así: “El libro segundo, ya que tomo a su carga exponer todas las causas, por las que se puede originar la guerra, desenvuelve largamente, qué cosas sean comunes, cuáles propias, qué derechos poseen unas personas sobre las otras, qué obligación nazca del dominio, cuál sea la norma de la asociación de reyes, qué produce el pacto o el contrato, qué fuerza e interpretación tienen las alianzas, cuál el juramento ya privado ya público, que se debe por el daño causado, cuál he de ser la honradez de los legados, cuál el derecho de enterrar a los muertos y cuál es la naturaleza de las penas.” Y, con respecto a la siguiente parte dice: “El tercer libro, que tiene por objeto propio y peculiar, lo que es lícito en la guerra, después de distinguir lo que se practica impunemente, o también lo que pueblos extraños se da por lícito, de lo que carece de falta, viene a las clases de paz y a todos los convenios” (H. Grocio, Del Derecho de la Guerra y de la Paz, tomo I, p. 25-26).

Del libro tercero, pues, tomamos algunos principios relativos a lo que se considera lícito en la guerra, de acuerdo al derecho natural. Grocio dice:

-Sobre los derechos que se posee: “Las cosas que son necesarias al fin del derecho, tenemos derecho a ellas”, porque derecho “significa la facultad de obrar con sólo el respeto de la sociedad”. Así, se tiene derecho a defenderse del que nos ataca; a invadir temporalmente la propiedad ajena que significa un peligro para nosotros; y a arrebatar a otro lo que sea de mi propiedad y lo haya tomado.

-Acerca del derecho a defenderse de nuestros atacantes y de sus cómplices: “Nuestro derecho (a defendernos) no se ha de considerar por sólo el principio de la guerra, sino también por las causas subsiguientes…”. Así, es lícito defenderse de los que se unen a otro para atacarnos y por su propia voluntad. Y los que se “mezclan en guerra injusta, se obligan a resarcir los daños y gastos, porque hacen daño culpablemente.

-Sobre los derechos que devienen de nuestros actos de resarcimiento: “Al derecho de obrar siguen muchas cosas indirectamente y fuera del propósito del agente, a lo cual de suyo no habría derecho”. Pero, añade Grocio, “para conseguir lo nuestro, si no puede tomarse exactamente cuanto se nos debe, tenemos derecho a tomar más, pero con la obligación de restituir aquello en que nos hemos excedido”.
-Con respecto a los combatientes y sus colaboradores, advierte que es lícito luchar contra aquellos que proporcionan cosas necesarias para el daño, como sucede con las armas, pero sólo por mucha necesidad contra aquellos que proporcionan al enemigo “cosas que sirven para el placer”, y otras como “el dinero, los víveres, las naves…” y otras similares.

-Con relación al impacto del conflicto y el uso de estratagemas en el mismo: “Por lo que se refiere al modo de obrar, la violencia y el terror son muy propios de las guerras”, pero con respecto al dolo y a la mentira en situaciones de guerra Grocio hace algunas extensas observaciones que se pueden resumir del siguiente modo: el dolo y la mentira en la guerra puede incluir los engaños,fraudes y cosas parecidas. Pero, el dolo en tanto que puede ser simulación en los actos o mentira en las palabras que se dicen y los signos convencionales que se usan, se admite en unos casos y en otros no. Así, defender las cosas propias y ajenas no es dolo malo, y por ello es lícito ocultar o disimular algunas cosas delante de otros. Entonces, es lícito mentir al enemigo en algunos de las situaciones que se presentan en la guerrra. Pero no es lícito el dolo y la mentira en aquellas cosas que se refieren a los juramentos, a las promesas y a los tratados entre naciones y fuerzas combatientes (todas las citas de este segmento vienen de H. Grocio, Del Derecho de la Guerra y de la Paz, tomo III, p. 268-302).

Con esto terminamos nuestra breve exposición del lugar que ocupa el pensamiento y la obra de Hugo Grocio, y de sus principios acerca de la conducción de la guerra y de los derechos que intervienen en tales casos.

diciembre 01, 2010

Sobre la participación y representación:en la sociedad y las organizaciones 6

Sobre la participación y representación: en la sociedad y las organizaciones 6
Por Francisco Martínez Alas. (2010)

3 Del modo de participar (continuación)

¿Cuántos participantes?- ¿Cuántas opiniones se requiere juntar y sumar para que la participación sea significativa o representativa? Para poder responder a esto, acá hay dos características sobre las que se debe ampliar un poco más: lo significativo y lo representativo. En primer lugar, está el caso de que sea significativa y representativa para y todos los miembros que son parte de una organización o grupo interesado. En donde, por un lado, está el criterio de que la participación mediante opiniones o expresión de lo que les atañe y afecta, sea significativa, lo cual es un aspecto ciertamente más cualitativo, que proceda de la consolidación de opiniones, criterios, demandas y aportes (pero esta consolidación no debe entendida como una simple suma o inventario de las mismas). En cambio, el critero de que sea representativa es un aspecto más cuantitativo, y se refiere al hecho de que la persona representante o el grupo de participantes se encuentre actuando como delegados, comisionados o voceros, y que además debe haber sido electo por una forma de mayoría reconocida. De cualquier manera, tanto para elegir a los representantes como para llegar a un acuerdo o consenso, debe haberse dado un proceso de elección y de consulta previos. Aunque, volveré a tratar este punto en un apartado posterior de este ensayo, ello tiene mucho que ver con el manejo de las relaciones entre y presiones de las mayorías ante las minorías, y de las minorías ante las mayorías.

En segundo lugar, ya que lo antedicho se refiere más bien al caso de una sola organización o de un grupo que se pone de acuerdo para hacer y decidir algo, e integrar o expresar su posición, es preciso hacer énfasis en que ninguna entidad, organización o grupo representa a toda la sociedad o la opinión de toda la población de una nación, región, zona o comunidad. Eso signfica que también se debe efectuar una evaluación de qué tan representativa –cuantitativa y cualitativamente- es la participación de tal grupo dentro de la población en general, y su sector, gremio, zona geográfica, y el conjunto de organizaciones equivalentes o posibles.

Asimismo, si existen propuestas y participaciones relacionadas o vinculadas, sobre un mismo caso o situación, o acerca de un mismo proceso decisorio o una misma línea de acciones a seguir, se debe realizar una consolidación teórica, sistemática, técnica y práctica de las propuestas o exigencias de todos los grupos participantes, y contrastarla con los efectos y consecuencias en los grupos o comunidades existentes aunque no estén participando. Así es cómo se sabrá con certeza de cuántas participaciones y cuántos participantes son necesarios.

Contribución a la solución y ejecución.- Ya mencioné que una de las manifestaciones y expresiones de la participación es la presentación de opiniones y propuestas para que se lleven a cabo ciertas acciones o se tomen ciertas decisiones con respecto a asuntos que le interesan a una nación, provincia, sector, organización, comunidad o un grupo de personas involucradas o afectadas; y otra, la de aportar criterios para evaluar y validar propuestas como ésas. Pero, un problema se solucionará, o una necesidad se subsanará si y solo se actúa, es decir, si las entidades correspondientes ejecutan programas o proyectos específicos para ello; y si se trata de procesos participativos, tales programas y proyectos deben estar conformes a todo lo discutido, negociado, consultado, consensuado y aprobado por las partes interesadas y afectadas.

Ahora bien, las entidades que fungen como autoridad, los grupos interesados, y los especialistas, consultores y consejeros proporcionan criterios válidos y viables, y toman las decisiones necesarias conforme el papel que les corresponda, pero en algunas ocasiones se requiere apoyos adicionales para responder al cómo de la solución a ejecutar. Es decir, que se trata de aportes que se suman a la decisión ya tomada, y ayudan a realizarla. Es acá donde aparecen las partes cooperantes y asociadas a la ejecución de programas y proyectos, cuya contribución consiste en alguna de las siguientes clases, a veces en forma combinada, y también constituye un modo de participación: a) Proporcionando recursos materiales y financieros a los ejecutores de los proyectos y a sus respectivos contratistas; b) colaborando mediante trabajo voluntario, el cual puede provenir de los miembros de la propia comunidad, de instituciones educativas, de otras organizaciones sin fines de lucro, o de visitantes extranjeros; c) facilitando asesoría y asistencia técnica por medio de expertos, especialistas y practicantes; d) brindando nuevos criterios que contribuirán a la amplitud y corrección del esfuerzo inicial y preparar etapas posteriores de las acciones que se ejecuten; y e) dando recursos adicionales para el mantenimiento, actualización, ampliación, replicación de las obras tangibles e intangibles resultantes de la ejecución de un proyecto.

Tales partes y contrapartes cooperantes, que participan en la ejecución de los programas y proyectos en tal rol, pueden ser organizaciones civiles o no lucrativas (como las fundaciones), organismos públicos del mismo gobierno, corporaciones publico privadas, organismos internacionales, agencias de cooperación de otros gobiernos y otras similares.

c)Expresión de necesidades: Poder expresar las necesidades que se tienen o se padecen, es otro modo posible de participar. Las sociedades, las instituciones y especialmente los gobiernos deben crear y mantener espacios para que las personas, tanto individualmente, como organizada o comunitariamente, expresen sus necesidades. No se trata, en este caso, tanto de que las personas y grupos ofrezcan planteamientos o formulen proyectos específicos para satisfacer tales necesidades, sino de cómo puedan manifestarlas con la confianza y seguridad de que habrá, en las entidades correspondientes, responsables y expertos que sabrán cómo solventarlas, o qué soluciones proponer a las poblaciones, y que logrados los consensos y rectificaciones que convengan, procederán a destinar recursos y acciones encaminadas a satisfecer aquellas necesidades.

Las necesidades de los humanos, tienen diferentes dimensiones, puesto que además de las que tenemos como seres vivos, parte de un ecosistema, están las esferas de necesidades conformadas y configuradas por los gustos y expectativas personales, como miembros de algún grupo, entidad o comunidad, y como ciudadanos de una nación o estado. Así es como, en primer lugar están las necesidades que se deben satisfacer para sustentar y reproducir la vida, pero no cualquiera en cualquier condición, sino una vida digna y con calidad. Y, no menos importante, por higiene y respeto, las necesidades para la muerte, para que sea digna y ocurra cuando debe ser y no antes, ni contra la voluntad del viviente; y para que, la situación post muerte, permita su justa y debida memoria y la disposición correcta de los despojos.

Existen también, otras dos dimensiones de las necesidades. Por un lado están las necesidades básicas, fundamentales, que no solo consisten en la satifacción de aquellas necesidades vitales del organismo vivo, y la provisión de bienes materiales para el sujeto social, sino también de las necesidades del individuo y de sus identidades, es decir aquellas necesidades intelectivas, afectivas, lúdicas, experienciales y otras, que alimentan su constitución, personalidad, carácter y temperamento. Y, por otro, están las necesidades, que se estructuran y complementan con las anteriores, y son aquellas que se vinculan con las esferas y entornos culturales, los que son múltiples, variantes, transitorios y de contornos y rasgos difusos, en los que habitamos, trabajamos, inventamos y actuamos.

Cómo y cuándo el individuo o varias personas expresan una necesidad, o cuando, las entidades se percatan de lo que los otros necesitamos, tanto como individuos, grupos, o comunidades, es en donde se manifiesta la participación y operan los mecanismos participativos para que tales necesidades se hagan patentes a otros, y ya no solo a los actores y padecientes. Y acá hay cuatro alternativas, no siempre excluyentes unas de otras: a) la realización de un proceso de observación sistemática y de una consulta a los ciudadanos o actores, en el sitio o a través del exámen de un sistema (de infraestructura, de relaciones sociales, comercial o de producción, por ejemplo), que se lleva a cabo del mismo modo que una investigación formal, con la participación de los involucrados; b) determinar las necesidades basándose en cálculos, a partir de lo que se considera fundamental e indispensable, reconocido tanto por las experiencias locales y del extranjero, como por la teoría, y que luego es sometido sometido a crítica y validación por la población que será beneficiada o se verá afectada (como cuando se trata de asuntos tales como el agua, el manejo del riesgo, el impacto ambiental, el transporte, la vivienda, el trabajo, los males sociales y otros); c) cuando lo que se trata es de ejecutar programas y planes impulsados por un cambio revolucionario, el cual parte tanto de una posición ideológica, como de una visión tecnocrática y de un involucramiento de los grupos sociales y las comunidades para intentar satisfacer ciertas necesidades consideradas prioritarias; y d) desarrollar capacidades individuales y grupales, en la población en general y en especial en las comunidades, para la participación social activa y proactiva, a la par que las políticas de los gobiernos nacionales y locales abren la posibilidad de que surjan iniciativas y propuestas entre la sociedad civil, que denotan acuerdos y consensos logrados, exigen soluciones, y tienen disposición para negociar razonablemente con autoridades, otras entidades, los propios miembros participantes y otras localidades.

noviembre 23, 2010

Sobre apoyar y rechazar a ciertos autores 4

Sobre apoyar y rechazar a ciertos autores 4
Por Francisco Martínez Alas. (2010)

2 Los autores, los lectores y el impacto de la reputación (continuación)

Autores nuevos, novísimos y novatos
No es lo mismo tratar acerca de autores ya conocidos, publicados, citados y referenciados en múltiples sitios; o comenzar la lectura y análisis de una obra cuyo lugar en la ciencia y la cultura ya ha sido asegurado (y a veces resulta casi indiscutible e inevitable); a enfrentarse a una obra que no solo es nueva para un lector cualquiera sino también entre las publicaciones de una disciplina o sobre un tema en particular.

Voy a usar aquí la terminología de autores nuevos, novísimos y novatos, para exponer e ilustrar tres situaciones distintas. En primer lugar, voy a referirme a los autores nuevos como aquellos que publican nuevas obras, tales como libros, artículos y documentos, en los medios usuales. Es decir, que publican por medio de compañías editoriales, en periódicos (impresos o en línea), y en revistas y journals, por lo que su promoción y comercialización en el mercado editorial y en el ámbito académico y científico está ya delineado y afianzado. Además, tales obras tienen la calidad y profundidad esperada y requerida conforme a los estándares de la entidad que los publica. Y, por otra parte, aunque sean obras nuevas, poseen contenidos usuales, y desarrollados de maneras similares a lo que ya existe en un determinado campo, y sus virtudes están dentro del rango promedio en obras semejantes, por lo que satisfacen eficazmente necesidades varias de información, formación y conocimiento.

Enseguida están los autores quienes, usando los mismos canales y medios que los anteriores, se merecen el epíteto de novísimos, porque representan alguna novedad diferente de lo acostumbrado, presentan una nueva interpretación acerca de un problema, exhiben un hallazgo propio sobre un asunto, o formulan una teoría que pretende explicar lo que antes se mostraba confuso, indefinido o dudoso, entre otras innovaciones importantes. Es posible que tales autores lleguen a constituirse en paradigmas, en figuras inevitablemente citables, o en personajes, frases o conceptos que siempre se evocan cuando se está hablando de un cierto tópico o se está tratando de resolver determinada dificultad.

Por último, llamaré autores novatos a aquellos que escriben y publican, pero no lo hacen bien, independientemente de la fama y la posición en el mercado que alcancen. Porque, no basta que un texto esté bien redactado y que aparezca en el mercado como impreso o como publicación digital en la red para que sea considerado como obra de buena y docta calidad. Porque la mala calidad de una obra se nota primero en su aspecto externo, y luego, se descubre en su examinación y lectura. Así, a lo primero que nos enfrentamos ante un texto es su apariencia general: su tamaño, las portadas, el tipo y dimensión de la letra, y otros aspectos físicos. En algunos casos, una baja calidad impresa o de presentación gráfica puede provocar una reacción negativa anticipada ante el texto, y peor aun cuando la redacción de todo el texto es deficiente, con lo que luego la sospecha inicial se ve confirmada por la pobre expresión y exposición de las ideas y datos que hizo el autor, como sucede con las obras de redactores novatos e investigadores inexpertos. No está de más decir, que los escritores novatos si se esfuerzan en mejorar sus competencias y capacidades, y en aprender a usar herramientas de razonamiento e investigación pueden llegar a convertirse en grandes autores y escribir obras de gran calidad y profundidad.

Autores que conocemos personalmente
Un autor tiene tantas facetas como cualquier otra persona, pero una de sus facetas es especial, es la que lo convierte en un escritor, y por medio de ella canaliza sus impresiones y críticas acerca del mundo que lo rodea, y parte de ese mundo, son las personas que lo circundan como sus próximos, es decir, familiares, amigos y colegas. Durante la relación con ellos, el autor puede compartir sus ideas, proyectos y sus textos en ciernes. En algunos círculos, de autores profesionales y académicos especialmente, los próximos colaboran con el autor comunicando sus opiniones, haciendo sugerencias, y hasta corrigiendo o invitando a enmendar los datos y las premisas de un escrito que se les ha hecho llegar a sus manos. Algunos autores mantienen correspondencia con otros autores, así como con sus familiares y amigos, y en las cartas y mensajes que envían y reciben, comparten sus ideas y consultan sobre las opiniones de los demás. Tales aportes son muy valiosos para un autor que está escribiendo, porque le permiten descubrir enfoques y ángulos nuevos de los problemas que está tratando de exponer. Por eso, se acostumbra poner alguna nota de agradecimiento a todas aquellas personas que hicieron posible la culminación de una obra y su publicación con sus breves pero influyentes contribuciones.

Además, para un autor –ya sea reconocido o nuevo- las relaciones interpersonales, significan mucho como capital social, y se obtienen muchos beneficios en la conformación de y en la participación activa en redes sociales (y no solo las tan famosas actualmente en internet). Así, por ejemplo, un amigo en el extranjero puede abrirle las puertas a un autor en diversos y específicos círculos (desde literarios hasta políticos) en otro país, o los contactos personales de un autor pueden allanar su camino para ganar presencia en los ámbitos culturales, editoriales y académicos.

Además, para un autor –ya sea reconocido o nuevo- las relaciones interpersonales, significan mucho como capital social, y se obtienen muchos beneficios en la conformación de y en la participación activa en redes sociales (y no solo las tan famosas actualmente en internet). Así, por ejemplo, un amigo en el extranjero puede abrirle las puertas a un autor en diversos y específicos círculos (desde literarios hasta políticos) en otro país, o los contactos personales de un autor pueden allanar su camino para ganar presencia en los ámbitos culturales, editoriales y académicos.

Al ser amigo de un autor, y compartir con él no solo su vida real de ciudadano común, sino también su vida intelectual y creativa, eventualmente llegamos a formar parte de sus referentes teóricos, y a ser objetos de estudio, o ser tomados como casos de ejemplo, y hasta a ser su fuente de inspiración. Porque los escritores acostumbramos incorporar algunos rasgos físicos o de personalidad, acontecimientos de las vidas que llegamos a conocer, y a tomar prestadas las ideas y palabras de nuestros amigos. En ocasiones, el papel anterior se invierte, y aquellos que han sido amigos y cercanos de autores, luego escriben trabajos y memorias sobre ellos, y por ello pueden ofrecer una imagen suya más íntima, y develar detalles insospechados o confirmar intuiciones ya previstas sobre su personalidad, su vida, sus métodos y sus hallazgos. Tales memorias sobre autores constituyen una fuente de consulta importante para los que hacen y escriben estudios y comentarios sobre sus obras.

La intimidad con un autor, modifica la percepción y la valoración de sus obras, textos e ideas. La reacción de alguien, al recibir un texto de un autor que conoce personalmente puede adquirir diversos matices: Desde ignorarlo bienintencionadamente porque se cree que ya se conoce lo suficiente al autor como para no leerlo, hasta condescender demasiado con él y olvidarse de hacer una lectura crítica del texto. Pero, no es eso lo que un autor espera de sus cercanos y camaradas intelectuales. La expectativa de un autor cuando le envía a sus conocidos, colegas y amigos sus manuscritos o textos, es precisamente, recibir de ellos una retroalimentación crítica. Cuando nosotros, en nuestro papel de autores, decidimos compartir con otros, sean nuestros amigos o colegas, nuestros ensayos, proyectos y manuscritos, esperamos recibir de ellos, no un reporte de inspección y censura, sino un comentario inteligente acerca de las ideas, juicios y premisas, estructuras conceptuales, métodos utilizados, categorías construidas, interpretación de los hechos y los datos, fuentes utilizadas, y conclusiones a las que llegamos. Nosotros como autores, hacemos y haríamos esto mismo con los textos que recibimos de nuestros cercanos.

Percusión y repercusión de las ideas
Acá quiero hacer una reflexión sobre la diseminación de las ideas usando la metáfora musical de la percusión. La percusión consiste en golpear o percutir un objeto, en ese caso un instrumento musical de los que se percuten, para producir determinados sonidos o efectos distintos de los que producen los instrumentos de viento o de cuerda, entre otros; en tal caso, la percusión no se hace para destruir o dañar el objeto percutido, sino solo para generar entre los dos objetos que chocan un sonido o serie de sonidos en particular, cuya naturaleza dependerá de la forma que tiene el instrumento y del material de que esté hecho el instrumento a ser golpeado -que a veces puede ser casi monótono-, y del objeto que sirve para golpear. Entonces, hay un objeto destinado a ser golpeado y otro a golpearlo.

Entonces, en cuanto a la percusión de las ideas podemos decir que ciertas ideas o doctrinas percuten o son percutidas en el sentido de que constituyen un objeto percusor que choca o golpea con su influencia y su fuerza monótona sobre objetos percutidos o percutibles, cuyo papel es recibir el impacto y producir la respuesta correspondiente, pero sin más. Como fenómenos de percusión de las ideas en tal sentido se pueden mencionar: a) La utilización de los nombres de los autores como figuras a ser adoradas o denostadas, en base a atribuciones estereotipadas a su imagen y pensamiento; b) la asignación de nombres de categorías y conceptos, de corrientes y movimientos –usados como objetos percutores-, que se usan como etiquetas a ser pegadas o adheridas a casi cualquier cosa, y particularmente a hechos, acontecimientos y circunstancias, como si con tal asignación se le otorgase autoridad al asunto, sin ocuparse de si en realidad existe alguna concordancia entre el nombre usado y vaciado de contenido y contexto, y el evento que resulta etiquetado con el mismo; c) la formación de ciertos “ismos”, de sistemas de creencias, bajo viñetas, banderas o consignas abstraídas de sus fuentes originales y trastocadas, que luego son percutidas sin crítica y se pretende que sean aceptadas sin discusión, modificación, ampliación o puesta en duda, y que solo persiguen la adhesión a las mismas; d) la conversión de algunos principios, conclusiones o puntos importantes del pensamiento de un autor en la explicación única y última posible, o como si aquellos fueren una especie recetas, esquemas o fórmulas con atribución casi mágica, que se pueden aplicar a ciertas situaciones o problemas, para obtener supuestos resultados contundentes, sin valorar otros factores y aspectos; y e) cuando una categoría teórica específica, o un concepto originalmente complejo o aplicable a un caso particular, como un evento histórico u otro acontecimiento memorable, se invierte, pervierte o deviene en una especie de palabra simple que se termina usando sin fundamento.

La repercusión de las ideas, se refiere a un impacto más profundo y complejo de las ideas e idearios de un autor o de una escuela de pensamiento, que si bien comienza con la mención de los autores y la cita de pensamientos y argumentos de las fuentes originales, o con la rememoración constante de aquellos que son reconocidos como precursores o acuñadores de una categoría o explicación, va mucho más allá, porque el repercutir implica un contacto, un reflejo o un eco de lo pensado y ya dicho, pero también un cambio de dirección y ruta para los objetos que se tocan. Cuando las ideas o cuerpos de ideas repercuten en la sociedad, en las ciencias, en otros pensadores, significa que las ideas y obras anteriores contactan con las posteriores, y generan otros idearios o sirven de inspiración para otras obras. Como fenómenos de repercusión de las ideas de un autor, podemos mencionar: a) Cuando se retoma el espíritu, el impulso, la motivación, o la fuerza del ideario de un autor, para generar una corriente de deliberación y crítica, con diversos enfoques y vertientes, que si bien lo ocupan como fuente de inspiración o de partida, desarrollan su propio cauce; b) cuando la imagen del autor, y no precisamente la figura de su efigie en cuanto tal, sino lo que ésta representa, es decir, su valor y sentido comunicante de las ideas y principios de aquel, se convierte en un referente, que se puede colocar en un sitio para dialogar y debatir con él, o para compararlo y confrontarlo con las imágenes y reflejos de otros autores; c) cuando los métodos, procedimientos y herramientas utilizados se retoman, adaptan y actualizan, gracias a sus facultades y potenciales; d) los datos compilados en los estudios e investigaciones son tales y con tanta validez que se pueden usar como punto de partida, de comparación, o como marca de referencia, en otras investigaciones de la misma o de otras disciplinas; y e) cuando ciertos conceptos y categorías, únicos y en cierta forma ejemplares, no solo se recuerdan, se citan y se usan mencionando a su autor, sino que también quienes lo hacen, pueden definirlos con exactitud y al mismo tiempo hacer crítica del mismo, de manera que el concepto original se enriquece con nuevas interpretaciones y aplicaciones.

Por último, se da una repercusión relevante de la obra, las ideas y el pensamiento de un autor, cuando tales generan tendencias positivas o negativas, a favor o en contra, como corrientes de pensamiento que convergen y divergen durante la época de su aparición y a lo largo de las décadas y siglos posteriores. Y en tales corrientes, los aspectos importantes que se deben considerar son los de la atribución y del prestigio (o adhesión) que algunos autores logran u obtienen. Y tal cosa se manifiesta, al menos, de cuatro maneras: a) Un autor obtiene adherentes (o seguidores) cuando se le atribuye alguna virtud, característica o aportación al arte, la ciencia o la sociedad, según se valoren las cualidades estéticas, técnicas, analíticas o explicativas de sus obras, textos y argumentos, en tal caso, se trata de un prestigio positivo; y tales adherentes no sólo le dedicarán comentarios y estudios a un autor, sino también generarán la presencia continua de sus ideas y su imagen –todo ello a veces sostenido solo por factores emotivos o sentimientos dogmáticos-; b) pero, un autor puede también generar posiciones y reacciones contrarias, es decir, un fama mala y negativa, cuando aparecen detractores de sus ideas y propuestas, quienes se encargan de escribir y exponer críticas en las que se hace notar sus falencias y carencias –justificadas o no, ya que acá también puede incidir el sentimiento o la fe-, o se le oponen argumentaciones basadas en otras perspectivas o informaciones; c) también existe un segmento de lectores neutros, es decir, aquellos que leen y ven a los autores, como parte de su formación académica, de sus prácticas de ocio, o de su consumo cultural y mediático, y que se conformarán con disfrutar o completar la lectura del texto, aprender algo del mismo, pero sin ir más allá, ni hacer nada más con ello; y d) por último, está el segmento de los lectores críticos (que no están interesados en ser adherentes, ni detractores), que valoran los elementos y aportaciones sólidos y bien fundamentados de un autor, pero que también señalan, analizan y critican, todos los yerros y puntos débiles que tengan sus argumentaciones y afirmaciones, podría decirse que estiman y calculan en su justa medida el lugar que merece un autor.

Y con relación a estos dos últimos puntos que acabo de mencionar (el del impacto y el del prestigio de un autor y de sus ideas u obras), se debe poner atención a la diferencia sutil que hay entre el impacto y la contribución que un autor puede tener ulteriormente. Ello porque no basta que un autor sea por todos conocido y nombrado, también se requiere que sea citado, aplicado y criticado para garantizar que su contribución a la ciencia y al arte en cualquier campo sea válida y efectiva, así como valuada y merecida. Yo pienso que este aspecto puede verse de dos maneras: a) Por un lado, está el impacto directo, más o menos profundo, que consiste en realizar un descubrimiento, determinar un nuevo enfoque para observar hechos o fenómenos, establecer un método distinto, hacer una invención útil, llevar a cabo una nueva sistematización o interpretación de procesos o contribuciones diversas, imaginar y trazar el modo de ejecutar un cambio, aportar criterios de prospección, y por ende es una contribución mayor al inventario y al cuerpo de la ciencia; y b) por otro está el impacto indirecto de un autor, el cual, aunque es reconocido como fama obtenida (en cierta forma inmerecida, y gracias a sus seguidores) por algunos de sus escritos, apariciones públicas, desatada por su actitud reactiva o por su participación acusatoria, aunque en realidad nada de eso aporta o ha aportado mucho al crecimiento y progreso de las ciencias y las artes, porque no tiene suficiente hondura o carece de exactitud. Sin embargo, merecido o no el lugar que ocupan, profusa o no la calidad y provecho de su ciencia, ciertos autores ganan devotos, que les rinden culto, les levantan altares, y repiten su palabra como formulas rituales o verdades reveladas e infalibles; o, tienen su buen nombre tan bien asentado, que pocos se atreven a criticarlos negativamente y refutarlos con fundamento racional y prueba objetiva –aunque los posean- para no correr el riesgo ser mal juzgados y vistos por la comunidad intelectual o la opinión pública y común.

Solo me resta repetir, en síntesis, lo que ya dije antes sobre la validez y vigencia, ambas cosas se mantendrán, para un autor, sí y solo sí, sus obras y su pensamiento tienen sentido, significado, aplicación, o son una respuesta a algo, y siguen siendo atribuibles a su nombre, su efigie, su memoria, y su contexto, con la confianza, calidad y veracidad que le corresponden y le compete.

...